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Hace 30 años

Lunes 3 septiembre 3:50 AM

"Reflexiones nocturnas de una mente fugaz entre dimes y diretes saboreando el café de media noche".

De las muchas cosas que hice, una de las que más disfruté es haber impartido conferencias durante 10 años a través de Centroamérica, Panamá y Brasil, el compartir en un escenario aquellos temas acerca de los que sé o en los que creo, esperando que a alguien más le puedan servir. Y a casi treinta y cinco años de la primera vez que subí al pódium con este propósito; hay una expresión recurrente que solía expresar, generalmente para romper el hielo en las conferencias cada vez que visitaba una nueva ciudad. Gozen el curso y olvídense de las suegras.

Me preguntaba: ¿Te pones nervioso cuando sales a dar una charla? Por supuesto que no. Esperen... por supuesto que sí.

Pero al llegar al pódium ya no importa, uno se acostumbra, se siente en casa. Pero siempre existe esta pequeña duda: ¿les gustará? ¿llenaré las expectativas? ¿entenderán lo que quise decir con ese slide? ¿tengo muchos slides? ¿y si dejo para siempre de usar slides? (obviamente en ese tiempo, no existían computadoras).

Comienza la charla y, pasados diez minutos, uno identifica perfectamente qué clase de público tiene delante, qué recursos funcionan y cuáles no, y de ahí en adelante ya no hay más preguntas, sólo una carrera hacia adelante que inicia con un slide encabezado por la palabra ICAITI [Instituto Centroamericano de Investigación y Tecnología Industrial].

El mundo ha cambiado mucho en 35 años, pero mi proceso de preparar e impartir una conferencia… no tanto. Cada conferencia la tengo lista en mi laptop con días de antelación, la presentación termino preparándola el día (o la noche) antes, el viaje me sirve para tomar notas y ensayar, y por último en el hotel antes de iniciar la conferencia intento por todos los medios, minimizar los posibles problemas técnicos que puedan encontrarse y me impidan impartir la charla en el hotel.

Viajé en avión por toda Centroamérica, panamá, sur y norte américa y Europa durante 10 años.

Como suelo decir, sumando millas y perdiendo el zen.

Pienso en las cafeterías que visitaba en las salas de espera de los aeropuertos… En las experiencias que pasé viajando durante 10 años. Recuerdo aquella señora en el vuelo de Guatemala a Panamá que me preguntó ¿A qué se dedica? A lo cual respondí: Imparto cursos a profesionales sobre ahorro de energía en plantas, a lo cual la señora me contestó. ¿Y cómo puedo ahorrar energía con mis plantas que tengo en casa?

Cuando viajaba llevaba en el avión el material para repartir a los profesionales que asistían al curso en un baúl que parecía del pirata Morgan.

En el hotel California en Panamá siempre me veían ingresar con este baúl y después de la tercera o cuarta vez que llegué a ese hotel, me pregunta la recepcionista con cierta pena y timidez ¿Es usted mago? A lo cual le respondí, en realidad, no sé.